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VCs: no son los malos de la película...

  • Foto del escritor: Genaro Malpeli
    Genaro Malpeli
  • 20 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

En los últimos años, ser venture capitalist ha pasado de ser sinónimo de innovación y progreso a estar bajo la lupa pública. ¿Cómo puede ser que aquellos que financian a las startups que usamos todos los días sean vistos como los villanos del ecosistema?


Spoiler: los VC no son los malos. Ni tampoco héroes. Son otra especie de startup.




Power law y la búsqueda de home runs


En su libro The Power Law, el periodista y autor Sebastian Mallaby describe cómo los venture capitalists no se mueven por medias tintas. No están buscando empresas “buenas”. Están buscando los próximos gigantes. Las excepciones. Los home runs.

Este enfoque puede parecer frío o inhumano, pero tiene lógica económica: en esta industria, un solo acierto puede pagar por 9 errores. Si invertís en 10 startups, es posible que 7 quiebren, 2 te devuelvan algo, y solo 1 te cambie la vida (y te devuelva todo el fondo). Esa es la famosa power law.



Capital de liberación: la otra cara del VC


Pero Mallaby también introduce un concepto que merece más atención: el capital de liberación (liberation capital). Porque el VC no solo invierte por rentabilidad. Invierte en futuros posibles. En rebeldes con causa. En modelos que cuestionan el status quo.

El capital de riesgo ha sido clave para liberar talento encerrado en grandes corporaciones, para financiar ideas que los bancos nunca tocarían, y para abrir caminos donde el mercado tradicional no veía nada.



Los VC también dudan


Desde afuera, los VC parecen fríos, analíticos, impasibles. Pero la realidad es otra: los buenos fondos dudan, sufren, se equivocan, se arriesgan. Y lo hacen con plata que no es suya.

Muchos fondos levantan capital de universidades, fondos de pensión o fundaciones. Tienen sus propios LPs (limited partners) que también exigen resultados. Y en épocas como la actual —con menos liquidez, más competencia, y un mercado aún cicatrizando post-2021—, el VC se vuelve más desafiante que nunca.



Venture capital = startup de startups


Un fondo de VC es una startup en sí misma. Tiene que levantar plata, probar su modelo, demostrar resultados, iterar, pivotear, sobrevivir ciclos, contratar gente, escalar... todo igual que una startup.

Y lo más importante: tiene que ayudar a otros a progresar. Porque si no construye puentes, si no acompaña en serio, si no se mete en el barro con los founders, no dura. Se convierte en un intermediario sin alma, y el mercado lo descarta.



Invertir en el futuro (aunque a veces duela)


Sí, los VC buscan rentabilidad (igual que las startups). Sí, priorizan unicornios sobre caballos de batalla. Pero también son impulsores clave del progreso.

Y aunque la narrativa pública los pinte cada vez más como los "malos" del ecosistema, es momento de recordar que, cuando funcionan bien, los fondos de VC liberan talento, financian ideas audaces y aceleran industrias enteras.


No son perfectos. Pero sin ellos, muchas de las startups que hoy admiramos nunca hubieran existido.

 
 
 

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